viernes, septiembre 22, 2006

Estoy hasta las narices!

Estoy hasta las narices!

Me rindo. Desespero total. Taladro en el cerebro, martillo en el oído y polvo hasta en la nariz. Nada se le ha escapado a esta remodelación. Mi edificio es un hermoso lugar que tiene ochenta años de construido. Tiene el encanto y el carácter de su historia y todos los problemas de la edad. Desde hace seis meses esta en remodelación total, cual mujer en los cuarenta que pretende estar en sus veinte. La diferencia esta en que afortunadamente el cambio es por dentro y no por fuera, es decir, se esta dejando su encantadora personalidad intacta pero están trabajando en todo lo que es infraestructura. Ventanas, tuberías, aires acondicionados, radiadores, parte eléctrica, ascensores… mejor no sigo, hoy estoy “algo” intolerante. Como conclusión, estoy hasta las narices de trabajo (si además de polvo, mi nariz sirve para mas de una cosa… parece). Retomo. Estoy colgada de trabajo, outlook y unas de mis direcciones de email no están funcionando apropiadamente, se me rompió el celular, tengo mas compromisos que tiempo y mi última sesión en el cuarto oscuro imprimiendo fotos fue un desastre inconfesable. Conclusión? No me voy a quitar la vida, en su lugar, decidí venir a trabajar a la Biblioteca Publica.

Morral, computador, medio archivo de papeles, bus 151, cuatro cuadras, piso tres, mesa contra la pared, conexión eléctrica, conexión inalámbrica a Internet. Nada mal, bueno, si la sala general de la biblioteca del centro de Chicago no fuera tan entretenida como el cuadro de El Jardín de las Delicias de El Bosco. No se si estoy sentada en el cielo, el infierno o el purgatorio pero desde aquí todo se ve. El intelectual consumido por su estudio, el mendigo durmiendo con el periódico a cuestas a sabiendas de que un guardia pronto llegara a despertarle, y el que se debate entre el trabajo y la pereza.

El viejo negro de pelo largo y canoso que camina con marcado vaivén de aquí para allá y que nunca supo a donde se dirigía. El joven latino en diagonal que interrumpe su concentración en el portátil para sacarse las yucas –actitud pensante- o hacer la mímica de que jala la cuerda con la que pitan en los camiones –actitud de autofestejo-, obviamente, a cada expresión, el incluye el ruido respectivo, no faltaba mas. La rubia con sobrepeso que lee las notas de farándula donde el Photoshop hace maravillas. Los estudiantes que ríen, “chocan esos cinco” y parten pues sin duda hoy es viernes y van a celebrar. El hombre del frente que lee el periódico y me mira con el ojo de vidrio. La dulce joven negra del lado con la que alternamos turnos para cuidarnos nuestras cosas mientras cada una va al baño. El oriental que camina apurado a coger el cubículo cerca de la ventana. Y esta latina que nada que se concentra y se pone a trabajar. Estoy segura de que cualquier otro día encuentro concentración e inspiración en este buen lugar pero hoy es simplemente imposible, pues definitivamente hoy, es uno de esos días en que estoy hasta las narices!

MO
Chicago, 09-22-06